El Tesoro de Ocón

 

El Valle de Ocón ha estado habitado desde la antiguedad por la abundancia de agua y la riqueza de su tierra. Su mismo nombre proviene de la raiz Oko que significa semilla fértil. Escondido entre sus montañas pasa desapercibido para la mayoría excepto para unos pocos que, perdidos, acceden a una nueva realidad. Con el tiempo, sus habitantes han acogido  con afabilidad la llegada de nuevos pobladores y conquistadores integrándolos en su sociedad sin cambiar su ritmo de vida ni su carácter tranquilo. Cuando en el año 728 amanecía un caluroso día, siguiendo el Ebro, llegaron los conquistadores musulmanes. En los pueblos se preguntaron cuanto tiempo se quedarían los moros. La batalla duró todo el día con mucho ruido de gritos y golpes de metal. Se escondía el Sol, cansado, y el cielo se volvía rojo de sueño, cuando en lo alto del Castillo de Ausejo se puvo ver un nuevo estandarte con letras brillantes de oro. Los campesinos no las supieron leer, pero sí comprendieron un canto hermoso, melancólico y rítmico. que invitaba a rezar a un dios que tampoco conocían. Los moros habían llegado para quedarse. Terminadas las labores del campo llamaron a su familiares y amigos, encerrados en casa, reunidos en grupo, cenaron para comenzar una nueva vida.

Panorámica del Valle del Ebro desde el yacimiento del Castillo de Ausejo